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Venezuela - Junio de 2018

El 2 de noviembre de 2017 declaró un orgulloso Maduro: "Hemos pagado nuestra deuda externa hasta el último centavo", detallando que Venezuela había pagado 71.700 millones de dólares en los últimos cuatro años y anunció que al día siguiente (3 de noviembre) pagaría 1.121 millones de dólares del bono PDVSA 2017. Es la confesión de un crimen contra el pueblo…

Maduro y la boliburguesía le pagan la fraudulenta deuda a la banca imperialista y matan de hambre al pueblo

 

Las “boliburguesías” han engañado -con el apoyo de la izquierda reformista- durante años con su estafa de “Revolución Bolivariana” en el continente. Mediante engaños, usurparon las luchas anti-imperialistas de los trabajadores y el pueblo pobre de América Latina, para volver a encadenarlas a los yanquis. Esto es lo que significa el pago íntegro de la fraudulenta deuda externa a Wall Street, de lo cual los “bolivarianos” son cumplidores ejemplares.
Por ejemplo, el sandinismo les paga a los yanquis hasta el último centavo de la fraudulenta deuda externa. Tratándose de la misma deuda contraída por el régimen de Somoza.
Así, en Venezuela los “bolivarianos” han pagado la deuda contraída por el régimen del Pacto de Punto Fijo. La misma deuda externa que empujó a las masas trabajadoras a tener que levantarse en el “Caracazo”, que fue, a su vez, reprimido a sangre y fuego por las mismas Fuerzas Armadas maquilladas por la Constitución Bolivariana del ‘99.
De estas Fuerzas Armadas es que proviene el núcleo de los “bolivarianos” que se valieron de la “ventaja” de que el período 1998–2013 fue el de mayor entrada de ingresos petroleros, estimados en casi ¡dos billones de dólares! para darle la mayor tajada de esto ingresos a las trasnacionales petroleras mediante nuevos convenios de explotación más entreguistas que los anteriores. Es el caso, por ejemplo, de la entrega de los “bloques” de explotación en la Faja del Orinoco, donde trasnacionales imperialistas como Chevron, Exxon, BP, Total, ENI, Shell y Repsol, se adueñan de más de la mitad de los ingresos petroleros debido a la mayoría accionaria que, respecto a PDVSA, tienen en las empresas mixtas; y donde además, todos los trabajadores allí contratados son super-explotados en condiciones de tercerización laboral mediante cooperativas de burgueses tanto bolivarianos como de la MUD. Caso semejante ocurre con las riquezas minerales del Arco Minero del Orinoco que, superponiéndose a cinco parques nacionales, abarca un 12% del territorio nacional en donde el gobierno de Maduro entregó la explotación del oro, diamantes y coltán a trasnacionales como la Golden Reserve, Glencore, Guaniamo Mining y Faoz Corp en asociaciones mixtas con la empresa militar de industrias mineras que administran los generales, es decir la fracción boli-burguesa militar.

 

Chávez duplicó las cadenas que atan al país con el imperialismo

Como venimos diciendo, Chávez reconoció íntegramente la deuda que el anterior régimen del pacto de Punto Fijo había contraído con el FMI y el Banco Mundial. Para pagarla, Chávez utilizó los ingresos petroleros y descapitalizó a PDVSA y la nación, solo para luego volver a endeudarlas e hipotecarlas emitiendo una gran cantidad de Bonos directamente cotizables en Wall Street y de los que está compuesta principalmente la actual deuda venezolana.
Por un lado están los llamados Bonos Soberanos de la República que fueron emitidos por el Banco Central y por otro lado están los Bonos de Petróleos de Venezuela (PDVSA).
Hubo 15 emisiones de Bonos Soberanos que representan una deuda de 72.001 millones de dólares contando el capital más los intereses, que deben cancelarse entre 2018 y 2038. De esos quince Bonos, fueron emitidos 14 durante el gobierno de Hugo Chávez.
Por su parte, durante los gobiernos de Chávez y Maduro, Petróleos de Venezuela emitió nueve bonos entre 2007 y 2016. En total PDVSA debe pagar 49.171 millones de dólares entre los años 2018 y 2038.
La deuda total (capital más intereses) de la República y de PDVSA, constituye uno de los montos más grandes del continente, sumando 121.172 millones de dólares.

Estas cadenas con la banca imperialista mundial son el mayor y verdadero “legado” de Chávez. Para darle continuidad a ese “legado” es que eligió a Nicolás Maduro como sucesor a la cabeza de un gobierno que paga al imperialismo sin importarle arrastrar a la bancarrota y barbarie al pueblo pobre y trabajador que padece hambruna y el colapso de todos los servicios públicos. No importa hundir a PDVSA hasta el punto de producir hoy menos de 1,5 millones de barriles de petróleo diarios (Mb/d), ¡Menos de la mitad de su producción histórica de 3,7 Mb/d! ¡Y justo cuando, producto del parasitismo rentista de toda la burguesía venezolana, la vida económica de la nación depende por entero del petróleo!

Para Maduro, su prioridad en 2018 es pagar a los yanquis los 8.400 millones de dólares anuales en intereses. Ya en febrero canceló 90 millones de dólares al Goldman Sachs por concepto de intereses del bono PDVSA 2022. Mientras que con el resto de acreedores, se preve que Maduro se reúna una vez consumada la farsa electoral. Seguro les pagará reduciendo todavía más las importaciones de alimentos y medicinas, ya que es la clase obrera la que soporta el hambre y muerte en hospitales inservibles, mientras la burguesía –bolivariana y de la MUD- hace fabulosos negocios especulando con el precio de los alimentos.
Pero el saqueo no puede ser pacífico. Para evitar que los trabajadores se levanten, el cipayo Maduro aplica persecución, terror y exterminio, con su casta de oficiales del Ejército, porque no goza de respaldo popular alguno después de años de terribles padecimientos de las masas. Ni los trabajadores ni el pueblo pobre son el sustento del gobierno “boliburgués”, sino la casta de oficiales asesinos comandada por más de 2 mil generales que copan todos los cargos claves y controlan todos los principales sectores de la economía. Toda una fracción burguesa con cuentas bancarias en paraísos fiscales o en Miami donde tienen grandes inversiones inmobiliarias con dinero que ni siquiera salió de Estados Unidos, sino que proviene de los negocios que mantienen con las petroleras yanquis a través de Citgo, la empresa estatal venezolana propietaria de 3 refinerías y una red de 4 mil estaciones de servicio en todo el territorio norteamericano.

Es que las burguesías nativas después de expropiar y desviar la revolución y utilizar a las masas para regatear con el imperialismo, acaban convirtiéndose en agentes de este y le entregan los recursos de los países a cambio de una parte menor en los negocios. Ya prácticamente disolvieron el ALBA y atrás quedaron los discursos como el de Chávez en Mar del Plata, contra el ALCA. Porque los bolivarianos -junto al castrismo y el sandinismo- todos forman parte de una burguesía millonaria que se está yendo de la historia con sus grandes cuentas bancarias y propiedades, tras hundir en la miseria a los trabajadores y cuando estos últimos se rebelan, los “boliburgueses” no vacilan en arremeter a los tiros, pues estos lacayos tienen un doble rasero según el cual le dan la plata a sus amos de la banca imperialista y plomo contra el pueblo pobre cuando lucha por el pan. No en vano son todos amigos del genocida Al Assad y apoyan todas sus masacres.
El pago de esa estafa a la que llaman deuda, es la principal causa del hambre de los trabajadores y sus hijos. Es una tarea inmediata el desconocerla totalmente y no pagarla. Pero no basta con presionar porque para garantizar que esa estafa se respete es que están las Fuerzas Armadas burguesas. Por eso, para lograr la más mínima reivindicación de que coman los hijos del pueblo trabajador ¡Hay que destruir a la casta asesina de Oficiales! ¡Hay que destruir las Fuerzas Armadas de la burguesía y su Constitución bolivariana! Una vez más, se demuestra que para que los trabajadores y sus hijos puedan comer y vivir, el imperialismo y el sistema capitalista deben morir. Para ello los trabajadores necesitan destruir la maquinaria del Estado burgués e instaurar su propio dominio de clase, un gobierno obrero y campesino que rompa las cadenas con el imperialismo. Esto solo puede lograrse en una lucha unificada con los trabajadores del continente.

Jacobo García

 

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