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Chile
- 11 de septiembre de 2021

Revolución y Contrarrevolución en Chile

De los Cordones Industriales de 1973
a la lucha revolucionaria de 2011

Una tarea pendiente: el derrocamiento revolucionario
del régimen pinochetista


A 48 años del golpe militar genocida, ponemos a disposición de la vanguardia obrera y de la juventud combativa, las lecciones que sacamos los trotskistas de la FLTI y del POI-CI de la revolución de los gloriosos Cordones Industriales en los '70

El siguiente es un extracto de estas lecciones, que aquí publicamos:

¿Qué fueron los Cordones Industriales?

 

Fueron las organizaciones que se había dado la clase obrera a partir de junio de 1972 y que organizaban a los trabajadores por encima de las estrechas barreras de las profesiones, con sus direcciones elegidas democráticamente por las bases. Además de reunir a todas las fábricas de un determinado sector incluían a las fábricas chicas y talleres que no estaban integradas a la CUT precisamente por no tener sindicatos. Los delegados a los Cordones Industriales eran elegidos democráticamente por los trabajadores y no tenían que ser, necesariamente, los dirigentes sindicales burocratizados.

¿Y por qué surgen con tanto ímpetu estos organismos de democracia obrera y autodeterminación de las masas? Porque tenían que dar solución no sólo al problema del salario, sino que contra la patronal que escondía los alimentos y productos de primera necesidad provocando desabastecimiento y encarecimiento de los precios, los trabajadores tuvieron que poner en pie las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP). Mientras el gobierno de la UP era enemigo de atacar la propiedad privada de los capitalistas y el imperialismo contra el lock-out patronal que cerraba y vaciaba las fábricas, los trabajadores tuvieron que ocupar las fábricas, custodiarlas, organizar la producción y ponerlas a producir poniendo en pie los Cordones Industriales. Por eso nacieron como organismos de doble poder, porque atacaban la propiedad privada de la patronal, por eso enfrentaban al PS y al PC que también eran enemigos de atacar la propiedad privada de los capitalistas.

Los Cordones Industriales tenían como eje dar una solución efectiva a las tareas económicas y políticas poniendo en pie organismos de autorganización como las JAP. Los trabajadores en los Cordones Industriales tomaban decisiones tales como: organizar la defensa del territorio, establecer qué industrias del sector debían pasar al área social y determinar los métodos de lucha como ser huelgas, tomas, movilizaciones, concentraciones, etc. Si hacemos la analogía del proceso chileno con las dos revoluciones rusas de 1905 y 1917, no es solo por el carácter masivo de las luchas obreras y populares, porque las luchas y las huelgas económicas fueran dando paso a las luchas y huelgas políticas con ocupación de fábricas, sino porque de la misma manera que en 1905 y más tarde en 1917, “en el fragor de las lucha surgió una organización de masas original: los célebres soviets de diputados obreros, que incluían a delegados de todas las fábricas” y establecieron un doble poder en Rusia; a mediados del '72 surgieron en Chile los soviets, bajo la forma de los Cordones Industriales.

Los Cordones Industriales -que hicieron que la revolución chilena fuera la revolución más clásica del ascenso generalizado de 1968-74- eran los organismos embrionarios del doble poder y, como tales, los organismos para la insurrección y la toma del poder por el proletariado. Sin embargo, no llegaron a transformarse en soviets maduros. Esto fue así por la ausencia de una dirección revolucionaria, que ganara la mayoría en ellos derrotando a las direcciones traidoras del PS y el PC, levantando un programa para ganarse a los sectores de las clases medias arruinadas cuando el gobierno de la UP -mientras hacía más y más concesiones al imperialismo- descargaba los costos de la crisis sobre las clases medias, llevándolas a la desesperación y separándolas del proletariado, y fortalecía así las bases sociales del golpe que preparaban-y fundamentalmente, una política para dividir a las fuerzas armadas y ganarse a la base del ejército, impulsando el armamento del proletariado y la creación de milicias obreras. Los Cordones Industriales no lograron desarrollarse y convertirse entonces en soviets maduros, puesto que pata derrotar a las direcciones traidoras como el PC y el PS, para ganarse a los sectores arruinados de las clases medias, para tener una política militar proletaria y dividir al ejército, para organizar una insurrección triunfante y hacerse del poder, era indispensable que tuvieran a su frente una dirección revolucionaria.

En los Cordones Industriales se encontraban concentrados los sectores más explotados y combativos del movimiento obrero, que fueron la vanguardia indiscutida del ensayo revolucionario chileno, los jóvenes trabajadores y las mujeres trabajadoras ocuparon un lugar destacado en estos verdaderos embriones de soviets. Es que como dice Trotsky en “La revolución Española y las tareas de los Comunistas” en 1931: “En realidad, los soviets se crean allá donde el movimiento revolucionario de las masas obreras, aunque estando todavía lejos de la insurrección armada, demuestra la necesidad de una amplia organización, capaz de dirigir los combates económicos y políticos que abarcan simultáneamente diversas empresas y diversas profesiones. No es más que con esta condición, es decir si los soviets, consiguen arraigarse en la clase obrera durante el período preparatorio de la revolución, que ellos serán capaces de jugar el papel dirigente en el momento de la lucha inmediata por el poder”.

Desde su surgimiento como organismos de autodeterminación de los trabajadores, los Cordones Industriales chocaron con la UP y el PS en el poder y con la política contrarrevolucionaria del stalinismo que fue claramente en contra de la autorganización de los trabajadores y de sus organismos de democracia directa. Y cuando no pudieron evitar su surgimiento, la política contrarrevolucionaria del PC fue tratar, por todos los medios, de subordinarlos a la CUT para castrarlos de su contenido revolucionario. Así Luis Corvalán, secretario general del PC en esa época declaró: “En el caso particular de los Cordones Industriales, los concebimos como integrantes de la CUT, como organizaciones de base de la Central Unica de Trabajadores y no como organizaciones paralelas y divisionistas del movimiento sindical” (Chile Hoy, Nro. 43). El stalinismo quería subordinar a los organismos de democracia directa que agrupaban a millones de trabajadores en lucha, a la CUT, que sólo agrupaba al 29% de la fuerza laboral, y que, controlada por el PC y el PS, funcionaba de hecho como un sostén del régimen, para -a través del acuerdo entre la CUT y el Gobierno de Allende-subordinar a los Cordones Industriales a los planes económicos burgueses de la UP.

La única posibilidad de que la CUT y los sindicatos -organizaciones para la lucha económica de la clase obrera en tiempos de paz- pudieran jugar un rol al servicio de la revolución que estaban protagonizando los trabajadores chilenos, era derrotando a la burocracia sindical traidora del PC y el PS, conquistando una dirección revolucionaria en los mismos, que pusiera esas organizaciones al servicio del desarrollo y la extensión de los Cordones Industriales como organismos de doble poder para la insurrección y la toma del poder. Por el contrario, en manos del PS y del PC, la CUT fue la organización mediante la cual la burguesía controlaba al movimiento obrero para impedir que éste avanzara por ese camino.

Este rol contrarrevolucionario de la dirección stalinista y socialdemócrata de la CUT se vio en toda su magnitud luego del paro patronal de octubre de 1972. Ante esta situación, un hito clave en el desarrollo del proceso revolucionario, de tensión máxima de la lucha de clases, la clase obrera dio una rápida y contundente respuesta: se tomaron centenares de fábricas, las pusieron bajo su control y dirigieron la producción, y ante el desabastecimiento y el mercado negro provocado por la burguesía, crearon las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAP). Una vez derrotado el Paro patronal por la clase obrera, y cuando ésta se disponía a seguir avanzando y extendiendo con más energías su poder mediante sus Cordones Industriales, el gobierno de la UP ordena devolver las fábricas y comercios a sus dueños. La CUT dirigida por el PC y el PS es la portavoz de esta política en el movimiento obrero.

 

EL PC EN UN ÁNGULO DE 180° CON LA VANGUARDIA PROLETARIA DE LOS CORDONES INDUSTRIALES

La política contrarrevolucionaria del PC y el PS estaba en un ángulo de 180° respecto de la vanguardia revolucionaria de los Cordones Industriales. Así, en un documento brotado de los Cordones Industriales, se lee: “hemos escuchado en las radios el convenio entre el Gobierno y los ricos de Chile. El convenio nos ha confundido un poco y estamos meditando. El convenio entre el nuevo gabinete y los ricos de Chile es como para confundir, a cualquiera que haya estado en las fábricas, en los hospitales, en las carreteras, trasnochados, cargando sacos, manejando máquinas, durante estos 27 días. Se van a devolver las empresas constructoras. Se van a devolver los locales comerciales. Se van a devolver algunas industrias. Unidades que fueron cerradas con candados, unidades que fueron paralizadas por sus dueños se van a devolver. Nosotros las abrimos, nosotros las hicimos producir, nosotros organizamos su producción solos y en ausencia del patrón. Ahora las van a devolver. Durante 27 días probamos que los patrones no eran necesarios para que estas unidades funcionaran, y ahora las van a devolver. ¿Quiénes son los dueños? Son los enemigos del pueblo, son fascistas coludidos con extranjeros imperialistas, son los que se entendían con la ITT y viene el Gobierno y se compromete a entregarles las unidades, como quién dice hasta el próximo paro patronal” (“Carta a nosotros mismos”, publicada en “La Aurora de Chile”, noviembre de 1972, (negritas nuestras).
Armando Cruces, el presidente del Cordón Industrial de Vicuña Makenna, de tan solo 26 años, cuenta que “tenemos problemas todos los días, por culpa del reformismo. Donde los compañeros se toman una empresa y el gobierno ordena devolverla y los compañeros llegan a los dirigentes del Cordón: ¿Y qué hacemos nosotros? Como nosotros somos un germen de poder popular y vamos a amparar a nuestros hermanos de clase, hacemos movilizaciones en contra del gobierno, cuando el gobierno toma una posición reformista, una posición de transar con el enemigo, una posición de adorar a los militares”. (...) “aquí en Chile ha nacido de los cordones industriales... y en estos momentos, en que se le han caído los pantalones al gobierno, nosotros a la burguesía la hemos acorralado. Porque ya en las empresas no hay fascistas los hemos echado. Y están afuera, están acorralados en el barrio alto de Santiago” (...) “estamos siendo la vanguardia del proceso en estos momentos. Y de una u otra manera, en el enfrentamiento que se ve venir, los cordones industriales, van a continuar siendo la vanguardia y van a ser donde los trabajadores, desesperados se van a refugiar, y no en la Central Única de los Trabajadores que creo que está más o menos parecida a la CGT en la Argentina” (Avanzada Socialista Nro. 72). La burguesía y el imperialismo también tenían claro cuál era la fortaleza de los cordones industriales. Con su tradicional olfato de clase, el centenario diario patronal El Mercurio alertaba: “no sólo el parlamento y el poder judicial, sino que el mismo gobierno, amenazan ser sepultados por el poder popular”.

Cuando la burguesía intenta su primer korniloveada[2] con el “Tancazo” en junio de 1973 y ésta fracasa, la clase obrera y su vanguardia, los Cordones Industriales, desatan una nueva ofensiva tomándose la gran mayoría de las fábricas, fundos, establecimientos, etc. Pero las tropas militares apoyadas en la ley de Control de Armas, que Allende y la UP habían dictado un año antes, inician los allanamientos[3] a las fábricas controladas por los Cordones Industriales en busca de armas. En respuesta a este ataque, a los 15 días los cordones Cerrillos y Vicuña Makenna sal en a la calle ocupando las principales avenidas donde estaban las industrias tomadas y se enfrentan a los carabineros; días más tarde conjuntamente ambos cordones decidieron enviar piquetes de obreros industriales para tomarse junto con los trabajadores del campo 39 grandes fundos de la Comuna de Maipú. Intentaban desesperadamente romper el aislamiento al que los habían llevado, criminalmente, la CUT y las direcciones contrarrevolucionarias del Partido Comunista y el Partido Socialista, en los momentos en que el enfrentamiento decisivo se veía como inevitable. Como vemos, el PC, el PS, la UP y la CUT no solo se opusieron al surgimiento de los Cordones Industriales, sino que los combatieron por todos los medios; no solo estuvieron en contra de extenderlos y desarrollarlos, sino que estuvieron a favor de que fueran destruidos. Aún así fue necesario el golpe contrarrevolucionario de Pinochet, usando métodos fascistas de guerra civil, para terminar de liquidar a sangre y fuego a los organismos de democracia directa que los obreros y las masas chilenas habían puesto en pie para luchar por su revolución.

 

1972-73: EL PROCESO REVOLUCIONARIO CHILENO EN SU PUNTO CULMINANTE. LA POLÍTICA TRAIDORA DEL PS, EL PC Y EL CASTRISMO Y SU "VÍA PACÍFICA AL SOCIALISMO"

El “tancazo” de junio de 1973 fue la campanada que anunciaba y confirmaba que la lucha por dividir a las FFAA y ganarse a la base del ejército, es decir que la hora de la lucha por las tropas, había llegado. El “tancazo” fue una korniloveada derrotada, donde el movimiento obrero se toma las fábricas, pero no avanza en dividir al ejército.
El proceso revolucionario chileno llegó así en el 72-73 a su punto culminante, donde el factor determinante fue, una vez más, la crisis de dirección revolucionaria del proletariado. Se planteaba con total crudeza la ausencia de un partido revolucionario que planteara la necesidad de preparar la insurrección con una política para dividir al ejército liquidando su casta de oficiales y ganándose a la base; que le dijera a los trabajadores que para ganarse a los soldados éstos debían ver que los obreros estaban dispuestos y decididos a ir hasta el final en su lucha por la revolución.
Mientras que la clase obrera no tuvo un estado mayor revolucionario, el estado mayor de la burguesía y el imperialismo actuó agudizando su instinto de clase y desarrollando toda su perspicacia contrarrevolucionaria: mientras el gobierno nacionalista burgués de la UP cedía más y más ante el imperialismo, desorganizaba y desmoralizaba a las masas, llevaba a Pinochet al gobierno diciéndole a las masas que era un “militar democrático”, el imperialismo, la ITT, la CIA, y los momios tenían una política para ganarse a los soldados y suboficiales de las FFAA para el golpe, y alistaban a su casta de oficiales para prepararlo.

La clase obrera, en cambio, no tuvo en Chile un partido revolucionario que impulsara que los Cordones Industriales llamaran a formar consejos de soldados, obreros y campesinos, que planteara que los Cordones Industriales tenían que tener una política revolucionaria para dividir al ejército, para liquidar a su casta de oficiales y ganarse a las tropas, muchas de las cuales no eran más que trabajadores y campesinos en armas. Cuando el gobierno nacionalista burgués de Allende y la UP adquiría cada vez más un carácter “kerenskista”, en el sentido de un gobierno suspendido en el aire y era cada vez más directo el enfrentamiento entre el imperialismo, sus instituciones y los momios, contra la clase obrera y los Cordones Industriales como organismos de doble poder, no hubo en Chile en los ‘70 un partido revolucionario que planteara claramente que lo único que podía resolver la situación en favor de los trabajadores y el pueblo chileno era la generalización de los Cordones Industriales, levantando una política para dividir y ganarse a sectores de las clases medias soldando así la alianza obrera, campesina y popular, para dividir al ejército y ganarse a los soldados y suboficiales, para organizar la insurrección y la toma del poder por el proletariado, imponiendo un gobierno obrero y campesino. Puesto que sólo un gobierno así, basado en los Cordones Industriales, en los consejos de campesinos y soldados, en el armamento de las masas, podía llevar hasta el final las tareas de romper con el imperialismo, realizar la más radical reforma agraria a favor de los campesinos pobres expropiando a los terratenientes, nacionalizando sin pago la banca y formando una banca estatal única capaz de dar créditos baratos a los pequeños productores y comerciantes, etc., expropiando a los monopolios y también a la burguesía nacional. No hubo en definitiva, un partido revolucionario capaz de preparar la insurrección y dirigir a la clase obrera a la toma del poder.

En esta situación, se desnudó hasta el final todo el cinismo de la “vía pacífica al socialismo” pregonada por el PS, el PC y Fidel Castro: la “vía pacífica” significó impedir la extensión y el desarrollo de los Cordones Industriales; impedir que la clase obrera pudiera ganarse a amplios sectores de las clases medias y soldar al alianza obrera, campesina y popular; impedir que el proletariado dividiera a las fuerzas armadas y se ganara a la base de las mismas; significó integrar a Pinochet al gobierno de la UP, y terminó siendo la vía sangrienta a la contrarrevolución y al aplastamiento de la heroica revolución chilena.
El cinismo de la burguesía nacional y la política contrarrevolucionaria del PC y el PS: la “vía pacífica al socialismo” demostró ser la vía sangrienta a la contrarrevolución.

El PC chileno fue el abanderado de la llamada “vía pacífica al socialismo”. “El ‘caso chileno’ viene a demostrar que los caminos y métodos del proceso revolucionario tienen en cada país sus propias particularidades y prueba que no es precisamente descabellada la tesis que proclamó el XX Congreso del PC de la URSS, y que hizo suya el movimiento comunista en su conferencia de 1960 en el sentido de que la clase obrera y demás fuerzas que luchan por el socialismo pueden conquistar el poder y realizar los cambios revolucionarios sin que sea obligatorio recurrir a las armas ” (“El Gobierno Popular”, artículo publicado en la “Revista Internacional” Nro. 12, diciembre 1970, negritas nuestras). Demás está decir que la política contrarrevolucionaria del PC chileno -alabada y avalada por Fidel Castro durante su visita a Chile durante el gobierno de Allende y la UP- liquidaba todas las enseñanzas del marxismo revolucionario desde las lecciones de la Comuna de París hasta la teoría del estado de Lenin quien, en “El Estado y la Revolución”, plantea que “el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por la otra, es la creación del “orden” que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases ”, y por tanto “resulta evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del poder estatal que ha sido creado por la clase dominante ”.

El golpe de Pinochet del ‘73 liquidó toda discusión posible sobre la “vía pacífica al socialismo”. Pero el PC chileno no era (ni es) un partido centrista que “no comprendía” las enseñanzas de Lenin. Era (y lo sigue siendo) un partido contrarrevolucionario, con una política conscientemente contrarrevolucionaria. El PC chileno en los ‘70 presentaba una “vía pacífica al socialismo” para mantener desarmado al proletariado y dejarlo a merced de la reacción y la contrarrevolución burguesa traicionando la revolución. Eran (y son) lo opuesto a Lenin y el partido bolchevique que tras el ensayo revolucionario ruso de 1905 - en contra de los mencheviques que opinaban que el mismo había sido un alzamiento prematuro y que “no se debió empuñar las armas” - sacaban la lección revolucionaria de que “se debió empuñarlas más decididamente, con mayor energía y combatividad; se debió explicar a las masas que era imposible limitarse a una huelga pacífica y que una lucha armada intrépida e implacable era necesaria. Y hoy debemos, al fin, reconocer abiertamente la insuficiencia de las huelgas políticas; debemos llevar a cabo la más amplia agitación entre las masas a favor de la insurrección armada, sin tratar de oscurecer esta cuestión con frases sobre ‘etapas preliminares’ ni de ocultarlas en forma alguna. Ocultar a las masas la necesidad de una guerra de exterminio encarnizada, sangrienta, como tarea inmediata de la acción revolucionaria que se avecina, sería engañarnos y sería engañar al pueblo” (negritas nuestras).

También respecto a esta cuestión la política contrarrevolucionaria del PC estaba en un ángulo de 180° respecto a la vanguardia de los Cordones Industriales, donde los trabajadores veían como necesario destruir el aparato estatal burgués. Así cuando más se agudizaba la lucha de clases a mediados del ‘73 y cuando después de su derrota electoral de marzo, la derecha y la DC boicoteaban desde el Parlamento cualquier proyecto a favor de los trabajadores y acusaban constitucionalmente a los ministros de la UP, la clase obrera chilena respondió con la concentración más grande de su historia. Medio millón de trabajadores exigían a Allende que cerrara el Parlamento: ¡A Cerrar, A Cerrar el Congreso Nacional! coreaba la multitud. Allende se vio obligado a responder que no lo cerraría. Pero también le dijeron que querían armas: “¡el pueblo quiere armas, compañero Presidente! ”

Pero Allende y la UP no sólo se negaron conscientemente a cerrar el parlamento, y el PC y el PS a armar al proletariado, sino que además el mismo Allende inició el diálogo con la DC, que ya propiciaba el golpe, e impuso un nuevo gabinete con los militares, al que llamó Gabinete de Seguridad Nacional. Así lo dijo en su discurso: “llamo a este gabinete el Gabinete de Seguridad Nacional. Tiene por tarea defender a Chile, impedir que se separe al pueblo del Gobierno y al pueblo de las Fuerzas Armadas. Este gabinete tiene que imponer el orden político” (El siglo, 12 de agosto de 1973). Allende dictó además la ley de control de armas, dirigida abiertamente contra los Cordones Industriales. Una vez más se demuestra con toda crudeza el total cinismo de la burguesía nacional, incapaz de llevar adelante las tareas antiimperialistas, porque son socios menores del imperialismo y prefieren incluso suicidarse como lo hizo Allende, antes que armar a los obreros que atacan la propiedad privada de los capitalistas.

Los trabajadores fabriles de los Cordones Industriales tenían otra opinión respecto del “Gabinete de Seguridad Nacional”, como consta en la “Carta a nosotros mismos”: “supimos que se había constituido el gabinete cívico militar. Nadie nos consultó. ¿Para qué? Los pobres de la ciudad y del campo servimos sólo para ciertas cosas. Servimos para que nos digan: Hay huelga de patrones, trabajen. Servimos para que nos digan: Los patrones escondieron las micros, caminen. Servimos para que nos digan: El Gobierno tiene poca plata, así que contrólense con los pliegos de peticiones. Servimos para asistir a concentraciones, para gritar a favor del Gobierno, para llevar letreros. Servimos para ganar la batalla de la producción. Servimos para aguantar la inflación. Y también serviríamos, caramba que serviríamos, para salir a las calles a defender al gobierno”. El documento sigue: “Para eso servimos los pobres de la ciudad y del campo. Cuando el presidente dijo que estábamos al borde de la guerra civil, no nos contaba ninguna novedad (...) él sabía que estábamos (...) dispuestos, que comprendíamos que por las fábricas y por las tierras teníamos que pagar un precio. Si no estuviéramos preparados, si no estuviéramos dispuestos, el compañero Presidente habría tenido que hacer las maletas. Habría tenido que hacer las maletas con la misma prisa que hizo sus maletas Goulart, con la prisa de los gobernantes que no tienen un pueblo detrás que los defienda. (...) Que no se llame a engaño el compañero Presidente. Fue la presencia física de millones de trabajadores lo que lo mantuvo en el Gobierno. Las Fuerzas Armadas y la muñeca diestra sirven para muchas cosas, para muy interesantes cosas, pero no bastan para mantener un gobierno huérfano de apoyo popular. Fuimos nosotros, camarada Allende. Y cuando no seamos nosotros adiós compañero Allende”.

Y así fue para desgracia de la clase obrera chilena y del Cono Sur de Latinoamérica. Porque a diferencia de la “korniloveada”1 de julio de 1917 en Rusia y del “Tancazo” del 29 de junio de 1973 en Chile, el golpe korniloviano de Pinochet del 11 de septiembre del 73 sí triunfó, gracias a la política contrarrevolucionaria del PC. Y la traición del stalinismo chileno y del castrismo no solo la sufrió el proletariado chileno. La sufrió el proletariado latinoamericano, ya que la dictadura de Pinochet, liquidando los Cordones Industriales, envalentonó a las burguesías cipayas del continente y al imperialismo, y abrió el camino a las dictaduras genocidas latinoamericanas. La dictadura genocida de Videla en Argentina, con sus 30.000 desaparecidos, fue así continuidad del triunfo de Pinochet en Chile gracias a la traición del PC.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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