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Agosto de 2010

En el 70° aniversario del asesinato de León Trotsky

LA IV INTERNACIONAL CON LEÓN TROTSKY PREPARÓ A LA VANGUARDIA DEL PROLETARIADO INTERNACIONAL PARA INTERVENIR CON UN PROGRAMA REVOLUCIONARIO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y EN TODO UN PERÍODO DE REVOLUCIONES EN LA POSGUERRA

 

El camino a la guerra se abre con la derrota de la revolución española y francesa, y con el proletariado alemán aplastado por la bota de Hitler. En 1938 con la excusa de “impedir que Hitler invada la URSS”, el canalla de Stalin le firma un pacto de no agresión al fascismo alemán.
Hitler, como correctamente denunciaba la IV Internacional, le firmó dicho pacto a la burocracia stalinista porque necesitaba del trigo de Ucrania para abastecer sus ejércitos y así marchar sobre Occidente para tomar Francia -como lo hizo- y toda Europa. El ejército alemán no terminaba de llegar a las puertas de París que largaba un ataque furibundo sobre la URSS que dejó el saldo de 500.000 obreros y campesinos asesinados en una semana, mientras el cobarde de Stalin lloraba en una Dacha y era buscado por toda la burocracia soviética que le pedía “por favor” que vuelva a salvar los intereses de todos ellos.
Como afirmaba Trotsky, el acuerdo de Stalin con Hitler de “no agresión” significaba “decirle al zorro que no se coma a la gallina”, puesto que la segunda guerra mundial demostraba tener un doble carácter, como correctamente lo había predicho la IV Internacional. Era interimperialista en la medida en que Alemania debía romper el cerco del tratado de Versalles que le habían impuesto los vencedores de la primera guerra mundial, y también en la medida en que EE.UU. debía salir con su enorme capital financiero a dominar el mundo. Pero a su vez, el objetivo de ambos imperialismos (el fascista y el “democrático”) no era otro que quedarse con la URSS restaurando el capitalismo. Así se armaba y se preparaba el trotskismo para centralizar las fuerzas de los internacionalistas frente a la segunda carnicería mundial a la que la decadencia del imperialismo empujaba a la civilización entera.
Mientras Hitler continuaba invadiendo la URSS, Stalin se sentaba en la mesa con Churchill y Roosevelt a formar el nuevo comando “democrático” de la contrarrevolución mundial. Éstas eran las condiciones internacionales en las que la KGB tejía y preparaba los golpes contrarrevolucionarios a los militantes trotskistas y en particular al camarada Trotsky. Es que la IV Internacional enfrentaba la cobarde política del stalinismo también en la guerra misma.
El asesinato de Trotsky persiguió el objetivo de dispersar las filas de la IV Internacional y poner en pie ese “frente democrático” entre la burocracia soviética y los imperialismos “democráticos” de Churchill y Roosevelt, que al finalizar la guerra con la derrota alemana le garantizara la propiedad de conjunto al imperialismo y al capitalismo mundial. Y sobre todo, que le permitiera a este bloque, predecesor y fundador de la ONU actual, realizar la restauración del capitalismo en la URSS a la salida de la guerra.
No todo les salió bien. La guerra resultó ser nuevamente partera de revoluciones y todos juntos no pudieron impedir la expropiación de la burguesía en un tercio del planeta.
Si la burocracia stalinista no le entregó las llaves de Moscú al imperialismo “democrático” –como lo hicieran Yeltsin y Gorbachov en los ’80- y si Churchill y Roosevelt no pudieron llegar, comandando a los mismos generales alemanes que se rindieron luego de la caída de Hitler en Alemania, o sea si el comando de los imperialismos “democráticos” esta vez con Mc Arthur a la cabeza no pudo llegar a tomar la URSS, fue por la heroica resistencia de las masas. El proletariado soviético y de Europa del Este y de Occidente pusieron más de 25 millones de muertos para aplastar al fascismo, y algunos millones más para derrotar a las fuerzas asesinas japonesas y de Chan Kai Shek en China y hacer huir en desbandada de Asia a las tropas de Mc Arthur tras la guerra de Corea en 1952, que la canalla burocracia stalinista-maoísta contuvo en el paralelo 38. De la misma manera, la camarilla stalinista contuvo el avance de las masas de la URSS y del este europeo en las puertas de Berlín, justamente para no expropiar al imperialismo alemán y que no triunfe la revolución en ese país. El pacto de Yalta y Postdam le dio a la burocracia stalinista desde Alemania del este hasta Moscú, el rol de controlar a la revolución proletaria en oriente, y de desarmar al proletariado italiano, griego, francés, etc. para impedir el triunfo de la revolución socialista en la Europa imperialista de occidente.

Rendir homenaje entonces a Trotsky a 70 años de su asesinato y a los fundadores de la IV Internacional, es saldar cuentas con décadas de revisionismo y liquidacionismo al interior de nuestro partido mundial en la posguerra, que le echó la culpa a Trotsky y a la IV Internacional de sus propios fracasos, ignominias y capitulaciones, y que transformaron a nuestro partido mundial en un apéndice del stalinismo y la socialdemocracia durante Yalta.

Nada más justo que el pronóstico y el programa de la IV Internacional con el que se preparó al proletariado mundial frente a la guerra a mediados del siglo XX. Trotsky en persona, en una conferencia de la IV Internacional, ajustó e intervino de forma decisiva la declaración de dicha conferencia, que fue el Manifiesto de la Guerra de la IV Internacional. De estas lecciones y programa reniegan hoy todos los renegados del trotskismo, negándose a preparar de esta forma a las nuevas generaciones del proletariado para las próximas guerras, revoluciones y contrarrevoluciones que preparará el siglo XXI en condiciones aun más agudas.
En el ’40 el programa de la IV Internacional -que mantiene hoy una enorme vigencia y enfrenta abiertamente a todas las direcciones serviles de las “caras democráticas” de los carniceros imperialistas- afirmaba: ¡Ningún apoyo a los imperialismos “democráticos” ni de Roosevelt ni de Churchill, ni mucho menos a las pandillas imperialistas francesas, aliadas unas a Hitler y otras a Churchill, que si éstas ganan la guerra con sus aliados angloyanquis masacrarán en el mundo peor o igual que el fascismo!
¡Cuánta razón y justeza encerraba el programa y el legado de la IV Internacional, cuando vimos en la posguerra a los asesinos de las pandillas imperialistas “democráticas” francesas masacrar a un millón de obreros y campesinos en la revolución que sacudiera a Argelia en los ’50, y dando cursos y lecciones de tortura a todos los ejércitos contrarrevolucionarios del planeta!
Ni hablar de las masacres y genocidios cometidos en los últimos 70 años por el imperialismo angloyanqui, el vencedor “democrático” de la segunda guerra, cuyo resultado se terminó de definir en el ’89 cuando la burocracia stalinista, una vez que fue derrotado y sacado de escena el proletariado en occidente, entregó los estados obreros y se pasó con armas y bagajes al capitalismo.
Así EE.UU., imponiendo la restauración capitalista, terminar por erigirse como el vencedor de la guerra. Esta vez su mercado interno ya es el mundo entero, y lo domina con la teoría de Hitler y de los generales nazis de “civilización o barbarie”, donde ellos son la “civilización” que deben masacrar, contener y dominar a los pueblos “bárbaros” y oprimidos con centenares y centenares de bases militares en todo el mundo, organizadas y centralizadas con 5 comandos militares en todo el mundo.
¡Cuánta razón la de los pronósticos de Trotsky y la IV Internacional! Del “frente imperialista democrático” surgieron los generales “nazis” de Obama y Wall Street para masacrar y controlar el mundo.

Durante la guerra la Cuarta Internacional luchaba por la defensa de la URSS invadida por Hitler. Pero afirmaba que esa defensa pasaba por organizar células revolucionarias en la base del ejército alemán para que los obreros dieran vuelta el fusil en la Francia ocupada y en el frente de batalla de Stalingrado, para apuntar contra Hitler y su camarilla imperialista.
La IV Internacional afirmaba que mientras se combatía al fascismo, como lo hacían millones de obreros y campesinos rojos, se conquistaban las mejores condiciones para derrotar a Stalin, que era el gran impedimento para que el proletariado sea el que gane la guerra y no las pandillas imperialistas. Por esa vía era que se defendía a la URSS. El grito de guerra de los trotskistas era: “¡Para defender la URSS hay que derrotar a la pandilla contrarrevolucionaria de Stalin, que se apresta a entregar el estado obrero al imperialismo “democrático” de Churchill y Roosevelt!”
Todo obrero con conciencia de clase podrá ver que más allá de los ritmos, este proceso de entrega de la URSS a Roosevelt y Reagan - Churchill y Thatcher se dio apenas 40 años después. La tardanza fue gracias a la heroicidad del proletariado mundial y sus procesos de revoluciones en occidente que lo impidieron, y no por la “defensa de la URSS” que hicieron las pandillas stalinistas, liquidando y abortando la revolución socialista mundial.
Para el trotskismo y la IV Internacional el triunfo de la revolución política contra la burocracia stalinista era la única garantía de poner a la URSS como bastión de la revolución europea durante y después de la guerra.
“¡Pero esto no se dio!”, chillan los revisionistas. Pero no por la valentía stalinista, a la que ellos sirven, sino por la heroicidad de las masas y porque no triunfó la revolución política durante y a la salida de la guerra. No olvidemos que todos los renegados del trotskismo en Europa, bajo las órdenes del pablismo, ya habían colocado dentro de los partidos comunistas a la IV Internacional. ¿Cómo iba a encabezar el trotskismo los procesos de revolución política, si estaba dentro de los partidos comunistas?
Porque no triunfaron las revoluciones políticas que sacudieron a los estados obreros en toda la posguerra, que fueron traicionadas abiertamente por los liquidadores de la IV Internacional, es que los triunfos tácticos del proletariado mundial devinieron en derrotas estratégicas en el ’89.

Pablistas, mandelistas, morenistas, healistas, lambertistas han revisado el programa, la teoría y la estrategia con la cual la IV Internacional preparó al proletariado mundial para la guerra y para todo el período de la posguerra, para jugar un rol central y decisivo en el período histórico que se abría.
El morenismo y el pablismo afirmaban, como así también lo hacían las secciones nacionales abandonadas a su suerte durante la guerra en Europa, de que ésta había sido una “guerra de regímenes” entre “democracia y fascismo”.
Los oportunistas del trotskismo de Yalta se creyeron la novela del imperialismo “democrático” de Roosevelt y sus sucesores. Se creyeron el verso del desembarco en Normandía de las tropas del imperialismo “democrático”, es decir la invasión a Europa que estos hicieron “para liberarla del fascismo” recién en el ’45 para dejar que las tropas alemanas desgastaran, masacraran y devastaran a la Unión Soviética. Como lo afirman todos los archivos hoy desclasificados del Pentágono, la política yanqui no era otra que: “Alemania aplaste a la URSS, pero que no gane la guerra”. Esto lo expresaba cínicamente Truman, que afirmaba que “Alemania debe destruir lo suficientemente a Rusia como para que nos permita a nosotros quedarnos con ella sin resistencia, pero no puede derrotarla más allá de la cuenta y ganarla guerra”. Es que si lo hacía, se quedaba Alemania con un nuevo mercado y le abría a EE.UU. una disputa abierta por el mundo. Así, el imperialismo “democrático” preparaba quedarse con el botín del estado obrero… En su estrategia, el fascismo de Hitler era un componente decisivo y clave para quedarse con la URSS, junto al sometimiento del stalinismo al frente de los aliados con Churchill y Roosevelt.
¡Cuánta verdad encerraba, como síntesis del bolchevismo, la estrategia y el combate de la IV Internacional frente a la guerra!

Y esto no es música del pasado. Hoy vemos a toda la izquierda mundial ponerse a los pies de Obama y sostener a los gobiernos bolivarianos “democráticos”, como los frentes populares de Bolivia. ¡Cuánta actualidad la de estas lecciones revolucionarias! Ahí está en la historia el frente popular “democrático” del imperialismo francés, que luego de estrangular la revolución del ‘36 en Francia, cuando las tropas de Hitler van llegando a las puertas de París en el ’38, con León Blum a la cabeza va a buscar al general Petain, que es nombrado por el parlamento como el “salvador de Francia” para que la “defienda” de Hitler.
Ese “salvador” Petain, el general del frente popular, es el que le entregó las llaves de París a Hitler y se asocia con el ocupante para hacer buenos negocios, demostrando que el capitalismo no tiene fronteras sino negocios comunes y/o guerras por el botín cuando las necesitan.
Cualquier similitud con el socialista Allende nombrando a Pinochet como comandante en jefe de las fuerzas armadas en Chile en el ‘73, para que luego éste aplaste a los cordones industriales con un golpe contrarrevolucionario, no es mera casualidad. Cualquier parecido con el pacto de Morales y la Media Luna fascista para mantener el poder de la Rosca que fue enfrentado por la revolución del 2003/2005 en Bolivia, tampoco es pura casualidad.
Los Clinton y Obama, sosteniendo con una mano a los golpistas, y haciendo recorrer con la otra a Zelaya Centroamérica, quien fuera sostenido por toda la izquierda del continente americano, para luego legitimar con elecciones al régimen golpista en Honduras, no fue una estrategia burguesa inventada por los estrategas del pentágono en el año 2010. En nombre de la “democracia” y la “libertad” mandar a Irak a la Edad Media y enviar nuevas tropas “democráticas” para masacrar en Afganistán, no es ninguna novedad. Tampoco es novedoso el Obama “democrático” sostenido por todas las organizaciones obreras socialimperialistas.
El revisionismo de la IV Internacional, continuador del menchevismo y el stalinismo, no le ha dejado ningún legado al proletariado mundial. Sólo una trampa que lo somete a la burguesía.

Rendirle homenaje a Trotsky hoy es sacar las lecciones revolucionarias de la revolución y las guerras del siglo XX. Sin esas lecciones no se podrán conquistar las condiciones para la victoria del proletariado en el siglo XXI ni mucho menos preparar a los partidos revolucionarios para nuevas guerras que depara el putrefacto sistema imperialista mundial, que a no dudarlo, si no triunfa la revolución proletaria, comenzará en el siglo XXI donde terminó la segunda guerra mundial, con los bombazos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. ¡Ay del proletariado mundial –decía el manifiesto de la guerra de la IV Internacional en 1940- si cree que la anterior fue la última de las guerras!
La debacle actual y la bancarrota del capital financiero profundizarán las disputas de las potencias imperialistas por el mercado. Los imperialismos perdedores en la actual crisis mundial se volverán agresivos para recuperar sus zonas de influencia. Como buitres, los vencedores se intentarán repartir un mercado mundial que se achica, y más temprano que tarde, si el proletariado no lo impide, los picotazos serán entre ellos.


SCI

 


Tatu Tao


Publicación de la sección inglesa:
"La Muerte Agónica del Capitalismo
y las Tareas de la Cuarta Internacional"

 


León Sedov

 

 

 

 

 

 

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