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Estados Unidos
- 10 de noviembre de 2020

 

La propuesta de la izquierda reformista de Partido Laborista o “Tercer partido”


Una falsificación de la política
de la IV Internacional en los ’30 en EEUU

 

Algunas corrientes de la izquierda norteamericana como el SWP, Socialist Action o Socialist Resurgence que se autodenominan “trotskistas”, o el SWP inglés, algunos anticapitalistas de Europa, al igual que otras del Río de la Plata como el PTS llaman a poner en pie un “tercer partido” o un “partido de trabajadores” en EEUU, queriendo hacer pasar esa política como “revolucionaria”.
Primero aclaremos que jamás los revolucionarios llamamos a poner en pie un Partido “Laborista” o “de Trabajadores”. No es nuestro programa. En todo caso, intervenimos dentro de ese proceso para poner en pie un núcleo revolucionario y romper ese partido. Pero nuestro programa es poner en pie un partido revolucionario insurreccionalista de la clase obrera, que no puede ser otro que el partido de la IV Internacional en EEUU.
Es que el Partido Laborista que esas corrientes proponen es como el Partido Laborista inglés, que fuera administrador de los negocios de la City de Londres durante decenas de años. El SWP inglés, hoy desencantado, caracterizaba a ese partido, bajo el mando de Corbyn, como “un partido antimilitarista, anticapitalista y antiimperialista”. Una mentira y una infamia que hoy pagan los trabajadores de Inglaterra.
Insistimos, los ex-marxistas plantean el llamado a poner en pie partidos obreros reformistas como parte de su programa. Llamar a hacer un Partido de Trabajadores en general es llamar a hacer un partido obrero burgués como el PT de Lula en Brasil, que salvó el dominio de la burguesía en ese país durante décadas.

En segundo lugar, aclaremos que el trotskismo a mediados de los ’30 en EEUU se negaba a plantear la consigna de “Partido de Trabajadores”. La dirección de la IV Internacional insistía en que nuestro programa es poner en pie un partido revolucionario en EEUU.
Otra cosa distinta son las tácticas con las cuales llamamos, por ejemplo en un proceso electoral, a votar por tal o cual partido obrero, para ayudar a la clase obrera a romper con la burguesía. Eso es una táctica electoral de independencia de clase, pero, insistimos, no es poner en pie un partido reformista. Eso lo hacen los reformistas.

Ya entrados los años ’30, el SWP norteamericano no había logrado convertirse en un partido con influencia de masas. La CIO (la central sindical) agrupaba a millones de obreros, que venían de protagonizar enormes huelgas y luchas de masas. Se ponían en pie los sindicatos por rama de industria. La guerra se aproximaba. En ese momento, la lucha económica empujaba a los obreros a la lucha política de masas y a enfrentar abiertamente al gobierno de Roosevelt. Bajo esas circunstancias, los trotskistas votaron hacer UNA MOCIÓN A LOS SINDICATOS de masas, para que rompan con Roosevelt y el Partido Demócrata y pongan en pie, bajo control de los sindicatos y con un estatuto de sometimiento de sus dirigentes a la democracia obrera en los mismos, un Partido de Trabajadores.
“¿Con qué programa?”, le preguntaba la dirección del SWP a Trotsky. “Con nuestro programa revolucionario” respondía. Afirmaba que “Nuestra propuesta de Partido de Trabajadores es una moción a los sindicatos para fortalecer nuestra presencia como dirección política revolucionaria y desenmascarar a la dirección rooseveltiana de los mismos”.

Cuando la Nueva Izquierda habla hoy de un “Tercer Partido” o un “Partido Laborista” no está hablándole a la AFL-CIO, que no representa ni al 1% de la clase obrera norteamericana, y que no representa para nada a los 44 millones de desocupados. Su llamado a poner en pie un Parido Laborista es para fundar un partido reformista, impulsado por diputadas como la Ocasio Cortez, vocera de la gran burguesía latina de EEUU, o diputados como Sanders, uno de los voceros del sionismo yanqui. Si no es así, ¿de qué Partido Laborista hablan?
A decir verdad, es una confesión de parte. En EEUU están mostrando su verdadera política, que es poner en pie un partido reformista, tal como plantean en todo el mundo.
Para el reformismo, la consigna de “Partido Laborista” no es más que un esfuerzo por poner en pie un partido obrero para convertirlo en una herramienta auxiliar del Partido Demócrata. Es más, lo hacen en las primarias apoyando a Sanders. Algunos de ellos lo hacen directamente como la ISO, y otros lo hacen indirectamente pintándolo de “socialista”, como el PTS o los “anticapitalistas”.
En las condiciones actuales de EEUU, las organizaciones que reagrupan a la amplia mayoría de los trabajadores y el movimiento negro, son las organizaciones de masas que surgieron en la lucha, y que a toda costa el Partido Demócrata busca disolver, cooptar y corromper. Estos organismos son las asambleas, las barricadas, los comités de fábrica, los movimientos Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan), el movimiento por un salario de 15 dólares la hora. Esas organizaciones, que no son otra cosa que organismos de democracia directa de las masas en lucha, son verdaderos embriones pre-soviéticos, que de desarrollarse, armarse y coordinarse a nivel nacional, avanzarían rápidamente a poner en pie los consejos de obreros y soldados, es decir, un doble poder maduro de las masas revolucionarias en lucha.
La propia experiencia de la clase obrera norteamericana hoy, que entra a la lucha política de masas ante la decadencia y crisis del capitalismo norteamericano, pone a la orden del día la lucha por la independencia de clase, que solo se puede desarrollar extendiendo y generalizando esos organismos de doble poder y democracia directa de las masas. En ellos se expulsó al alcalde Demócrata de Minneapolis: “¿Estas por disolver la policía?”, le preguntó la asamblea. “No, estoy por reformarla”, contestó. “Entonces, te vas de la asamblea”, le respondieron los presentes. Esa es la lucha por la independencia de clase y ese camino ya lo emprendió la clase obrera norteamericana.
El reformismo ve como inevitable la etapa de construcción de un partido laborista como el único canal para que las masas conquisten su independencia de clase. Esta gente se quedó en el siglo XIX de emergencia de los grandes partidos de masas en una época del capitalismo floreciente. Eso los vuelve reformistas. Por ello transforman en estrategia, para todo un período, la lucha por un partido reformista, cuando el sistema capitalista imperialista está en abierta bancarrota, crisis y crac.
Hay que correr los velos para ver los contornos reales de las políticas y los programas. Poner en pie un partido auxiliar del régimen de Wall Street en crisis es la tarea del reformismo. Poner en pie y desarrollar los organismos de doble poder revolucionario armados de las masas es el camino más corto, necesario y urgente que debe recorrer la clase obrera para conquistar su independencia de clase y avanzar a la revolución socialista.

Pero aquí no termina la falsificación de la política del trotskismo en los ’30. Trotsky afirmaba que si la clase obrera se independizaba del Partido Demócrata y Republicano con un partido obrero basado en los sindicatos, que le permitiera a la clase obrera poder intervenir independientemente de la burguesía, el fascismo iba a florecer como hongos en EEUU, puesto que la burguesía norteamericana no se permitiría jamás perder el control de la clase obrera sin enviar a los fascistas a aplastar los primeros intentos de romper con los demócratas y republicanos: “la creación de un partido de trabajadores, de un partido obrero, expresa inmediatamente una agudización terrible de las fuerzas. La reacción será inmediatamente un movimiento fascista. Por eso debemos relacionar la idea del partido obrero con las consecuencias, de lo contrario apareceremos sólo como pacifistas con ilusiones democráticas” (1938, Trotsky, “Conversaciones sobre el Programa de Transición”). Por ello la moción de “partido de trabajadores” iba íntimamente ligada a la consigna de milicia obrera.
La política del trotskismo se demostró en la vida este año en Estados Unidos. La lucha revolucionaria de las masas de Portland, Seattle, y decenas de ciudades, donde tendían a romper con demócratas y republicanos, provocó inmediatamente el resurgimiento de milicias fascistas de los supremacistas blancos, que inclusive colaboraron con la policía atacando las movilizaciones de las masas.
¿Cómo se puede plantear entonces poner en pie un partido obrero sin hablar siquiera de armarse para defenderse? La izquierda norteamericana y el PTS, por ejemplo, no quieren saber nada con luchar por las milicias obreras… son “pacifistas con ilusiones democráticas”.
Ellos saben perfectamente que el Partido Laborista que proponen, con Sanders y la Ocasio Cortez, con ecologistas varios e izquierdas parlamentarias, no asusta ni preocupa a la burguesía. Los reformistas saben perfectamente de qué se trata el Partido Laborista que llaman a poner en pie.

Está claro que los renegados del trotskismo buscan poner en pie un nuevo dique de contención por si la clase obrera rompe con Biden.
No nos sorprende. Todos ellos se han puesto bajo la disciplina de La Habana y el PC cubano, firmes aliados del Partido Demócrata. Son continuadores de Jack Barnes, que en los ‘80 sometió al SWP a Fidel Castro.
Los trotskistas no dejaremos vivir en paz a estos renegados impostores. La clase obrera norteamericana necesita al SWP de Trotsky y Cannon bajo el programa de la IV Internacional, un partido que luche por los soviets, armar a las masas con la milicia obrera y del pueblo negro, que plantee “el enemigo está en casa”, etc.; un partido revolucionario internacionalista con una estrategia soviética independiente. Ese es el partido por el que peleamos.

 

 

 


Lucha por 15 dólares la hora

 


Trotsky y Cannon

 


Arde la comisaría de Minnepolis


 

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