Volver al índice OOI 6 Dossier Especial Primer aporte del CWG

Primer aporte de los camaradas del CWG de Nueva Zelanda

Breve resumen sobre la crisis
El colapso del mercado de préstamos sub-prime (hipotecas a deudores de alto riesgo) de los EEUU es un síntoma de una crisis subyacente mucho más profunda que podría llevar a una depresión mundial

Lue­go de un pe­río­do de ex­pan­sión, pun­tua­do por se­rias cri­sis y ci­clos as­cen­den­tes, la eco­no­mía mun­dial ha ex­pe­ri­men­ta­do re­cien­te­men­te otro shock -el co­lap­so del mer­ca­do "sub­pri­me" de vi­vien­das en los EEUU. Los tra­ba­ja­do­res que ha­bían to­ma­do hi­po­te­cas so­bre ca­sas so­bre­va­lua­das se en­con­tra­ron con que no po­dían pa­gar las cuo­tas o per­die­ron sus tra­ba­jos, y tu­vie­ron que de­jar de pa­gar, ha­cien­do que el mer­ca­do de la vi­vien­da co­lap­sa­ra.
"Sub-pri­me" sig­ni­fi­ca que son prés­ta­mos de al­to ries­go a tra­ba­ja­do­res de ba­jos in­gre­sos. Es­te co­lap­so ha crea­do pá­ni­co en al­gu­nos sec­to­res de la bur­gue­sía y una in­ter­ven­ción sin pre­ce­den­tes de la FED en los EEUU y del Ban­co Cen­tral Eu­ro­peo. ¿Qué sig­ni­fi­ca es­te shock? ¿Se tra­ta de otra "co­rrec­ción" más por la cual bie­nes so­bre­va­lua­dos son pur­ga­dos?, es de­cir, ¿otra "bur­bu­ja" co­mo las bur­bu­jas de la cri­sis asiá­ti­ca del '97, la ru­sa de '98 y el co­lap­so de las "pun­to com" del 2000-2003?¿O es un ata­que car­día­co gra­ve que po­dría lle­var a una re­ce­sión glo­bal?
Aquí no­so­tros sos­te­ne­mos que has­ta aho­ra, el co­lap­so del mer­ca­do de "sub-pri­mes" no es tan­to una in­di­ca­ción de una cri­sis fi­nan­cie­ra co­mo una in­di­ca­ción de la des­truc­ción de par­te del va­lor his­tó­ri­co del sa­la­rio de los EEUU a me­di­da que mi­llo­nes de tra­ba­ja­do­res pier­den sus ca­sas. Es­to es par­te de una de­va­lua­ción del sa­la­rio his­tó­ri­co de los tra­ba­ja­do­res de los EEUU que ve­rán una re­duc­ción im­por­tan­te en su par­ti­ci­pa­ción del in­gre­so na­cio­nal. Es­to, más que una cri­sis fi­nan­cie­ra, es lo que pro­ba­ble­men­te va a cau­sar una caí­da en el con­su­mo y se va a ex­pan­dir trans­for­mán­do­se en una cri­sis mun­dial.
Sea lo que sea, po­de­mos es­tar se­gu­ros que se tra­ta de un sín­to­ma de una cri­sis sis­te­má­ti­ca de so­bre­pro­duc­ción de ca­pi­tal que se­rá re­suel­ta ya sea a ex­pen­sas de los obre­ros del mun­do, o por el le­van­ta­mien­to de las ma­sas ex­plo­ta­das pa­ra de­rro­car el sis­te­ma que las ex­plo­ta. Aquí no­so­tros lle­ga­mos a so­pe­sar la se­ve­ri­dad de la cri­sis y sus im­pli­can­cias pa­ra los obre­ros del mun­do.

El punto de vista de la burguesía es que el colapso del mercado de subprimes es el estallido de una "burbuja"
 
Un sec­tor de la eco­no­mía -las ca­sas de los obre­ros- se vol­vió “so­bre­va­lua­do” a cau­sa de la es­pe­cu­la­ción in­con­tro­la­da y ma­las in­ver­sio­nes. Nor­mal­men­te el mer­ca­do ope­ra sua­ve­men­te y los shocks so­lo apa­re­cen cuan­do los in­di­vi­duos to­man ma­las de­ci­sio­nes que se com­pli­can co­mo en el mer­ca­do de la vi­vien­da, o los go­bier­nos tie­nen ma­las po­lí­ti­cas que in­ter­fie­ren con las bue­nas de­ci­sio­nes. El co­lap­so es por lo tan­to una "co­rrec­ción" que ve­rá "re­va­luar" los bie­nes “vi­vien­das” y ve­rá pér­di­das de al­re­de­dor de 50-100 mil mi­llo­nes de dó­la­res, en su ma­yor par­te afron­ta­das por obre­ros que per­de­rán sus ca­sas. Ven a los tra­ba­ja­do­res co­mo to­ma­do­res in­di­vi­dua­les de prés­ta­mos y su preo­cu­pa­ción es pro­te­ger­los de las ma­las de­ci­sio­nes de otros pe­ro no de las pro­pias. Si ellos com­pra­ron ca­sas que no pue­den pa­gar o per­die­ron sus tra­ba­jos, eso es un ries­go que de­ben co­rrer. Mien­tras que la bur­gue­sía es­tá de acuer­do con res­pec­to a las cau­sas, no es­tá de acuer­do so­bre las so­lu­cio­nes.
 
(a) Los par­ti­da­rios del mer­ca­do: Los que si­guen a Mil­ton Fried­man que di­je­ron so­bre la des­truc­ción de Nue­va Or­leáns por el hu­ra­cán Ka­tri­na que "ca­da cri­sis trae con­si­go una opor­tu­ni­dad", di­cen que el mer­ca­do se va a au­to-co­rre­gir. Acep­tan que el co­lap­so del mer­ca­do de la vi­vien­da pue­de trans­mi­tir­se al sis­te­ma ban­ca­rio, y que es el rol del Ban­co Cen­tral de­fen­der el sis­te­ma ban­ca­rio, pe­ro se opo­nen a cual­quier "sal­va­ta­je" de los es­pe­cu­la­do­res o de los obre­ros que per­die­ron sus ca­sas. Ellos ar­gu­men­tan que in­ter­ve­nir pa­ra res­ca­tar a los pres­ta­mis­tas o a los to­ma­do­res de prés­ta­mos es re­com­pen­sar­los por to­mar ma­las de­ci­sio­nes eco­nó­mi­cas. Una de las prin­ci­pa­les ra­zo­nes de que ocu­rran los shocks es por­que el es­ta­do in­ter­fie­re con las de­ci­sio­nes in­di­vi­dua­les, por ejem­plo, "sal­var" los prés­ta­mos ma­los só­lo sir­ve pa­ra alen­tar a que se ha­gan más prés­ta­mos ma­los. En es­te ca­so los tra­ba­ja­do­res que com­pra­ron ca­sas más allá de sus me­dios de pa­go, no de­ben ser sal­va­dos.
 
(b) Los Key­ne­sia­nos: Aqué­llos que mi­ran al es­ta­do pa­ra re­gu­lar el mer­ca­do di­cen que el mer­ca­do no pue­de au­to­rre­gu­lar­se. Es­to se de­be a que las de­ci­sio­nes de ca­pi­ta­lis­tas in­di­vi­dua­les no son ne­ce­sa­ria­men­te bue­nas pa­ra el con­jun­to de la so­cie­dad. Ellos quie­ren que el es­ta­do in­ter­ven­ga y va­ya más allá de de­fen­der el sis­te­ma ban­ca­rio, re­va­luan­do las ca­sas pa­ra que los tra­ba­ja­do­res pue­dan to­da­vía com­prar ca­sas. Geor­ge Bush y Hi­llary Clin­ton es­tán com­pi­tien­do en­tre sí pa­ra ofre­cer un apo­yo fi­nan­cie­ro no­mi­nal a los obre­ros que han per­di­do sus ca­sas. Lo que los key­ne­sia­nos quie­ren evi­tar es que las deu­das de los tra­ba­ja­do­res re­duz­can su po­der ad­qui­si­ti­vo y cau­sen una de­sa­ce­le­ra­ción en el con­su­mo en los EEUU. De su­ce­der esto, te­men ellos que se trans­for­me en una re­ce­sión ge­ne­ra­li­za­da que po­dría con­ta­giar­se a la eco­no­mía glo­bal.

(c) Los Ri­car­dia­nos: Lo mis­mo que los par­ti­da­rios del mer­ca­do y que los li­be­ra­les, los ri­car­dia­nos creen que el ca­pi­ta­lis­mo es ca­paz de permanecer en un es­ta­do de equi­li­brio. Pe­ro las cri­sis co­mo el co­lap­so de las sub­pri­me no sur­gen de de­ci­sio­nes "ma­las" sean es­tas in­di­vi­dua­les o "co­lec­ti­vas". Re­sul­tan de los in­te­re­ses de la eli­te "neo­li­be­ral" que usa su po­der pa­ra do­mi­nar el mer­ca­do y pa­gar me­nos que el va­lor to­tal de las mer­can­cías. Los ri­car­dia­nos adop­tan la po­si­ción de Da­vid Ri­car­do, un eco­no­mis­ta po­lí­ti­co bur­gués que vi­vió en el pe­rio­do an­te­rior al de Karl Marx. Ri­car­do de­cía que la ex­plo­ta­ción y las ga­nan­cias re­sul­tan del pa­go de la fuer­za de tra­ba­jo por de­ba­jo de su va­lor. La res­pues­ta de los ex­tre­mis­tas a la cri­sis de las sub­pri­me es mal­de­cir a la cla­se ca­pi­ta­lis­ta por es­pe­cu­lar con las vi­vien­das de los obre­ros, su­bien­do el pre­cio muy por arri­ba de su va­lor, y pa­gán­do­les a los obre­ros un sa­la­rio muy por de­ba­jo de su va­lor. La so­lu­ción es apo­yar la in­ter­ven­ción del es­ta­do mo­vi­li­zan­do a los tra­ba­ja­do­res co­mo una fuer­za po­lí­ti­ca pa­ra na­cio­na­li­zar las vi­vien­das y la in­dus­tria pa­ra que las mer­can­cías se in­ter­cam­bien en su va­lor real. Es­ta es la eco­no­mía po­lí­ti­co bur­gue­sa que sub­ya­ce por de­ba­jo del lla­ma­do "so­cia­lis­mo de mer­ca­do" de los neo­mar­xis­tas co­mo Pe­tras y que ins­pi­ra el apo­yo a los lí­de­res bur­gue­ses co­mo Hu­go Chá­vez y su "Re­vo­lu­ción Bo­li­va­ria­na".
Sin em­bar­go, le­jos de ser un sis­te­ma que es nor­mal­men­te es­ta­ble y so­lo es­tá su­je­to a shocks que re­sul­tan de ma­las de­ci­sio­nes (sean in­di­vi­dua­les o co­lec­ti­vas) o del do­mi­nio de una eli­te ava­ri­cio­sa, la eco­no­mía ca­pi­ta­lis­ta en la épo­ca im­pe­ria­lis­ta es­tá en un per­pe­tuo es­ta­do de anar­quía pun­tua­do por cri­sis, gue­rras y re­vo­lu­cio­nes. No es el me­jor ni el úni­co sis­te­ma para ad­ju­di­car los re­cur­sos pa­ra res­pon­der a las ne­ce­si­da­des so­cia­les. En rea­li­dad los ca­pi­ta­lis­tas no van a em­plear a la cla­se que pro­du­ce el va­lor a me­nos que el mis­mo dé una ga­nan­cia. Es­to sig­ni­fi­ca que la so­bre­pro­duc­ción de va­lo­res, en la for­ma de di­ne­ro, mer­can­cías y ca­pi­tal, lle­va a la des­truc­ción de va­lor tal co­mo ma­te­rias pri­mas, má­qui­nas y las con­di­cio­nes de vi­da, así co­mo las vi­das mis­mas de los tra­ba­ja­do­res.

El pun­to de vis­ta mar­xis­ta
El sis­te­ma ca­pi­ta­lis­ta es aquél en el cual una cla­se po­see los me­dios de pro­duc­ción y es ca­paz de for­zar a la cla­se tra­ba­ja­do­ra a tra­ba­jar pa­ra vi­vir y de ex­plo­tar su fuer­za de tra­ba­jo co­mo fuen­te de plus­va­lía y de ga­nan­cias. El mer­ca­do es el me­ca­nis­mo que per­mi­te que es­to su­ce­da, no un ale­gre lu­gar de en­cuen­tro de in­di­vi­duos ra­cio­na­les, ni un cam­po de ba­ta­lla de ri­cas eli­tes y tra­ba­ja­do­res opri­mi­dos. Los ca­pi­ta­lis­tas com­pran la fuer­za de tra­ba­jo de los obre­ros a su va­lor de mer­ca­do pa­ra ex­traer más va­lor, que ellos se apro­pian co­mo su ga­nan­cia cuan­do ven­den en el mer­ca­do las mer­can­cías pro­du­ci­das por los obre­ros. Los tra­ba­ja­do­res re­sis­ten las re­duc­cio­nes en el va­lor de su fuer­za de tra­ba­jo y los au­men­tos en la in­ten­si­dad y las ho­ras de tra­ba­jo por me­dio de los cua­les el ca­pi­ta­lis­ta tra­ta de au­men­tar su ta­sa de ex­trac­ción de plus­va­lía (ta­sa de ex­plo­ta­ción). Los ca­pi­ta­lis­tas tam­bién com­pi­ten en­tre ellos pa­ra pro­du­cir mer­can­cías a un pre­cio de pro­duc­ción me­nor pa­ra cap­tu­rar una por­ción ma­yor del mer­ca­do. La cons­tan­te lu­cha de cla­ses so­bre la di­vi­sión del va­lor en­tre los ca­pi­ta­lis­tas (y las na­cio­nes) sig­ni­fi­ca que el mer­ca­do es­tá en cons­tan­te es­ta­do de de­se­qui­li­brio, o, co­mo Marx los des­cri­bió, de anar­quía.

(a) Cri­sis: Pa­ra Marx, "la cri­sis" se de­fi­ne co­mo la in­te­rrup­ción de la re­pro­duc­ción de la pro­duc­ción ca­pi­ta­lis­ta.
De­bi­do a que el ca­pi­ta­lis­mo es un sis­te­ma en el cual el mer­ca­do es el que re­la­cio­na a la pro­duc­ción, la dis­tri­bu­ción, el con­su­mo y el cam­bio, el sis­te­ma pue­de in­te­rrum­pir­se en cual­quie­ra de es­tos pun­tos. Pe­ro don­de sea que ocu­rra es­ta in­te­rrup­ción, siem­pre es un sín­to­ma de una cri­sis ma­yor, la de la so­bre­pro­duc­ción de ca­pi­tal que re­sul­ta de la ten­den­cia a la caí­da de la ta­sa de ga­nan­cia. Marx lla­ma­ba a la ten­den­cia a la caí­da de la ta­sa de ga­nan­cia "la ley más im­por­tan­te de la eco­no­mía po­lí­ti­ca". Es ne­ce­sa­rio com­pren­der es­ta ley pa­ra ver có­mo la ac­tual cri­sis del mer­ca­do de las vi­vien­das sub­pri­me es una ex­pre­sión de es­ta ley fun­da­men­tal.
La ten­den­cia a la caí­da de la ta­sa de ga­nan­cia es re­sul­ta­do de la ne­ce­si­dad que tie­nen los ca­pi­ta­lis­tas de in­ver­tir por­cio­nes ca­da vez ma­yo­res de ca­pi­tal Cons­tan­te en com­pa­ra­ción con el ca­pi­tal Va­ria­ble ("com­po­si­ción or­gá­ni­ca") pa­ra au­men­tar la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo. El ca­pi­tal Cons­tan­te (C) no pro­du­ce va­lor por sí mis­mo. Tí­pi­ca­men­te es ma­te­ria pri­ma o má­qui­nas ne­ce­sa­rias pa­ra la pro­duc­ción. A me­di­da que es usa­do en la pro­duc­ción, el mis­mo va­lor que en­tra sa­le, es de­cir, per­ma­ne­ce cons­tan­te. El ca­pi­tal Va­ria­ble (V) es el va­lor de la fuer­za de tra­ba­jo que agre­ga va­lor en el pro­ce­so de la pro­duc­ción co­mo el mis­mo se da, o sea, va­ria­ble. Tí­pi­ca­men­te a me­di­da que ca­da ca­pi­ta­lis­ta com­pi­te pa­ra au­men­tar la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo y ba­jar el va­lor de ca­da mer­can­cía, tie­nen que gas­tar más en la úl­ti­ma tec­no­lo­gía dis­po­ni­ble y de aquí au­men­tar el con­su­mo de ma­te­ria pri­ma. Mien­tras que la ta­sa de plus va­lía au­men­ta, en un cier­to pun­to la mis­ma no se­rá su­fi­cien­te pa­ra de­vol­ver la ga­nan­cia so­bre el to­tal del ca­pi­tal in­ver­ti­do y en­ton­ces el ca­pi­ta­lis­ta de­ja­rá de in­ver­tir. Cuan­do es­to se ge­ne­ra­li­za, tie­ne lu­gar una cri­sis de so­bre­pro­duc­ción de ca­pi­tal.
Marx lla­mó a es­ta ley "ten­den­cia" por­que era con­tra­ba­lan­cea­da por con­tra­ten­den­cias (CT) en la me­di­da que el ca­pi­ta­lis­ta bus­ca­ba for­mas de evi­tar que la cri­sis se de­sa­rro­lla­ra. Marx su­po­nía que se pro­du­je­ran ta­sas de plus­va­lía re­la­ti­va cre­cien­te co­mo par­te de la pro­pia ten­den­cia. Las CT in­cluían re­du­cir tan­to el va­lor de C co­mo el de V por me­dio del co­mer­cio ex­te­rior. Le­nin de­sa­rro­lló más tar­de es­ta ten­den­cia y las CT en su aná­li­sis del im­pe­ria­lis­mo ba­sa­do en la ex­por­ta­ción de ca­pi­tal a las co­lo­nias pa­ra apro­ve­char las ma­te­rias pri­mas ba­ra­tas y la ma­no de obra ba­ra­ta. Las gue­rras co­mer­cia­les y mi­li­ta­res eran ex­ten­sio­nes de es­ta re­duc­cion de gas­tos pa­ra con­tra­rres­tar la cri­sis.

(b) La Cri­sis ac­tual: De acuer­do a la de­fi­ni­ción de Marx, en­ton­ces, el co­lap­so de las vi­vien­das sub­pri­me en los EEUU es un sín­to­ma de una cri­sis mu­cho más pro­fun­da de so­bre­pro­duc­ción de ca­pi­tal.
Las fi­nan­cia­ción usa­da pa­ra es­pe­cu­lar en el mer­ca­do de vi­vien­das es una pe­que­ña par­te del to­tal de ca­pi­tal "fic­ti­cio" den­tro de los EEUU que no tie­ne nin­gún va­lor por­que no hay nin­gún va­lor de bie­nes pa­ra res­pal­dar­lo o pa­ra cam­biar­se por él. Es­ta es la ra­zón por la cual la bur­gue­sía tra­ta de ex­pli­car la cri­sis de­ses­ti­mán­do­la co­mo una "co­rrec­ción" y una "bur­bu­ja" es­ta­lla­da, no obs­tan­te ellos te­men que se pue­da con­ta­giar de la es­fe­ra de la dis­tri­bu­ción, al con­su­mo, el cam­bio ya la pro­duc­ción mis­ma. Los par­ti­da­rios del mer­ca­do com­pren­den por lo me­nos que las in­ver­sio­nes "ma­las" de­ben ser "pur­ga­das" pa­ra sal­var el res­to del sis­te­ma (Mar­tin Wolf). Los key­ne­sia­nos, sin em­bar­go, es­tán con­ven­ci­dos de que las in­ver­sio­nes "ma­las" de­ben ser ma­ne­ja­das por la in­ter­ven­ción es­ta­tal co­rrec­ta. Ellos no con­fían en el mer­ca­do y re­pre­sen­tan la frac­ción do­mi­nan­te del ca­pi­tal nor­tea­me­ri­ca­no que usa el es­ta­do pa­ra for­ta­le­cer el ca­pi­ta­lis­mo sub­si­dián­do­lo a ex­pen­sas de los ca­pi­ta­les y las na­cio­nes más dé­bi­les y en úl­ti­ma ins­tan­cia, de los tra­ba­ja­do­res de to­do el mun­do. Es­to in­clu­ye a los tra­ba­ja­do­res de los EEUU cu­ya pér­di­da de em­pleos y sa­la­rios de­cli­nan­tes sig­ni­fi­can que no pue­den afron­tar el pa­go del cos­to de sus ca­sas.
Fren­te al co­lap­so de las sub­pri­mes, los Ban­cos Cen­tra­les han su­mi­nis­tra­do la li­qui­dez pa­ra ba­lan­cear cual­quier pér­di­da de po­der ad­qui­si­ti­vo de los com­pra­do­res y pa­ra evi­tar que la cri­sis del cré­di­to cau­se una caí­da brus­ca en el con­su­mo que se di­fun­da al ex­te­rior ha­cia Asia. Unos po­cos cien­tos de mi­les de mi­llo­nes de dó­la­res es muy po­co com­pa­ra­do con el to­tal del va­lor de los bie­nes que exis­ten den­tro de los EEUU y del to­tal de la deu­da que los EEUU des­car­gan so­bre las na­cio­nes más dé­bi­les y sus cla­ses tra­ba­ja­do­ras me­dian­te la emi­sión de dó­la­res. El ries­go de la deu­da de los EEUU es tras­la­da­do des­de los ban­cos nor­tea­me­ri­ca­nos a los ban­cos cen­tra­les de otros paí­ses co­mo Chi­na y Ja­pón, que com­pran los bo­nos ba­su­ra de los EEUU. De es­ta for­ma el go­bier­no nor­tea­me­ri­ca­no tras­la­da el cos­to de pa­gar por el co­lap­so de las sub­pri­mes a sus ri­va­les eco­nó­mi­cos. Sin em­bar­go, lo que es­tá en­mas­ca­ra­do por es­ta ma­nio­bra es que es­ta li­qui­dez va a ir a for­ta­le­cer los bie­nes de la bur­gue­sía, y no reem­pla­za­rá el po­der ad­qui­si­ti­vo per­di­do de la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Es­to es par­te de una par­ti­ci­pa­ción ca­da vez me­nor de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en el in­gre­so y po­dría im­pac­tar en el con­su­mo y por lo tan­to en los "ar­tí­cu­los chi­nos".
Lo que la cri­sis ac­tual re­ve­la es una cri­sis más pro­fun­da que en­fren­tan el im­pe­ria­lis­mo nor­tea­me­ri­ca­no y la eco­no­mía mun­dial en su cons­tan­te lu­cha por con­tra­rres­tar la ten­den­cia a la caí­da de la ta­sa de ga­nan­cia con una se­rie de CT. El co­lap­so del mer­ca­do de sub­pri­mes es un sín­to­ma de la rees­truc­tu­ra­ción de la fuer­za de tra­ba­jo nor­tea­me­ri­ca­na a me­di­da que pa­sa de la ma­nu­fac­tu­ra y el en­sam­bla­je a las in­dus­trias del co­no­ci­mien­to en tor­no de la bio­tec­no­lo­gía, la in­for­má­ti­ca, y la in­ves­ti­ga­ción téc­ni­ca y cien­tí­fi­ca. Un in­di­ca­dor más fuer­te aún de es­ta rees­truc­tu­ra­ción es la pér­di­da ne­ta de 4000 pues­tos de tra­ba­jo en los EEUU com­pa­ra­do con los 100.000 nue­vos pues­tos de tra­ba­jo pre­vis­tos pa­ra ese mes. En ese mis­mo mes se per­die­ron 46.000 pues­tos de tra­ba­jo en ma­nu­fac­tu­ra, 22.000 en cons­truc­ción y 32.000 en el sec­tor de la edu­ca­ción. Otras ci­fras mues­tran que la caí­da en la in­dus­tria de la cons­truc­ción es­tá re­du­cien­do los pues­tos de tra­ba­jo pa­ra los tra­ba­ja­do­res in­mi­gran­tes y que eso se ha re­fle­ja­do en la caí­da im­por­tan­te de las re­me­sas de di­ne­ro a los paí­ses de Amé­ri­ca La­ti­na. Así, mien­tras que la vie­ja aris­to­cra­cia obre­ra es­tá per­dien­do sus pri­vi­le­gios tra­di­cio­na­les, el ejér­ci­to de re­ser­va de tra­ba­ja­do­res in­mi­gran­tes tam­bién es­tá su­frien­do el ata­que.
To­da es­ta in­for­ma­ción mues­tra que la cla­se tra­ba­ja­do­ra de los EEUU es­tá su­frien­do una re­duc­ción drás­ti­ca en sus es­tán­da­res de vi­da his­tó­ri­cos que más tar­de o más tem­pra­no se re­fle­ja­rá en su pér­di­da de con­su­mo. Es­to es un aba­ra­ta­mien­to de V (ca­pi­tal va­ria­ble) co­mo CT a la caí­da de la ta­sa de ga­nan­cia. Una re­duc­ción en el va­lor de las vi­vien­das ha­rá que las ca­sas sean más ba­ra­tas, pe­ro es­to muy di­fí­cil­men­te com­pen­sa­rá por la pér­di­da de las ju­bi­la­cio­nes, de la co­ber­tu­ra de sa­lud, la pér­di­da de em­pleos y un cam­bio fun­da­men­tal de pues­tos de tra­ba­jo en la ma­nu­fac­tu­ra a "em­pleos Wal­mart". Es­ta de­va­lua­ción de V de­be ser por lo tan­to una re­duc­ción en los sa­la­rios rea­les y de­be­rá vol­car­se ha­cia una re­duc­ción en el con­su­mo de las im­por­ta­cio­nes con­sis­ten­tes en "ar­tí­cu­los chi­nos". Si es­to real­men­te crea una cri­sis glo­bal de­pen­de de la ha­bi­li­dad de los pro­duc­to­res de ar­tí­cu­los chi­nos en vol­ver su pro­duc­ción a di­fe­ren­tes mer­ca­dos o a cam­biar pa­ra pro­duc­tos di­fe­ren­tes. Las ex­por­ta­cio­nes des­de Asia a los EEUU (no so­lo de pro­duc­tos de con­su­mo) pro­me­dian el 16-20%. Es­to no to­ma en cuen­ta a las cor­po­ra­cio­nes asiá­ti­cas co­mo To­yo­ta que pro­du­ce den­tro de los EEUU y que po­dría per­der ven­tas en for­ma si­mi­lar a las au­to­mo­tri­ces yan­quis en los úl­ti­mos años. Chi­na tam­bién es­tá ex­pan­dien­do su co­mer­cio in­te­ra­siá­ti­co y sus ven­tas do­més­ti­cas es­tán cre­cien­do. Una re­duc­ción im­por­tan­te en el con­su­mo de los ar­tí­cu­los chi­nos en los EEUU, hun­di­ría, se­gún la Eco­no­mist In­te­lli­gen­ce Unit, su su­per­pro­duc­ción de ar­tí­cu­los pa­ra la ex­por­ta­ción. El efec­to de una caí­da en la pro­duc­ción en Chi­na tam­bién re­du­ci­ría la de­man­da de com­mo­di­ties pro­ve­nien­tes de La­ti­noa­mé­ri­ca y ve­ría una caí­da en los pre­cios.
        
Con­clu­sio­nes
Una re­ce­sión glo­bal de es­ta mag­ni­tud no ne­ce­sa­ria­men­te cam­bia­ría el "equi­li­brio" es­ta­ble­ci­do por la do­mi­na­ción de los EEUU so­bre el con­trol del pe­tró­leo, el com­bus­ti­ble nu­clear y el bio­com­bus­ti­ble. EEUU uti­li­za su do­mi­nio del pe­tró­leo pa­ra chan­ta­jear a los ri­va­les más dé­bi­les a que co­mer­cien en pe­tro­dó­la­res y bo­nos ba­su­ra. Usa su po­der mi­li­tar pa­ra ocu­par y con­tro­lar el mer­ca­do del pe­tró­leo y lo se­gui­rá ha­cien­do pa­ra ase­gu­rar su con­trol del com­bus­ti­ble nu­clear y el bio­com­bus­ti­ble. Fuer­za a sus ri­va­les a acep­tar es­ta he­ge­mo­nía y a in­ver­tir en los bo­nos ba­su­ra yan­quis de for­ma que cual­quier sa­cu­di­da en es­te equi­li­brio sig­ni­fi­ca­ría una cri­sis pa­ra to­dos los es­ta­dos. Una re­ce­sión glo­bal no trae­ría por sí mis­ma una nue­va ri­va­li­dad im­pe­ria­lis­ta tal co­mo pa­ra cam­biar es­te or­den mun­dial. Chi­na no se atre­ve­rá a ven­der sus bo­nos ba­su­ra, así co­mo Pu­tin ha pues­to re­cien­te­men­te los fon­dos en dó­la­res de Ru­sia en el Ban­co Cen­tral. Tra­ta­rá de re­sol­ver su cri­sis de su­per­pro­duc­ción a ex­pen­sas de sus pro­pios tra­ba­ja­do­res.
Pe­ro los ata­ques so­bre los tra­ba­ja­do­res de los EEUU así co­mo so­bre los de Asia y La­ti­noa­mé­ri­ca pa­ra for­zar­los a acep­tar sa­la­rios de mi­se­ria y la eco­no­mía en ne­gro, pa­ra in­ten­si­fi­car la ta­sa de ex­plo­ta­ción y su­pe­rex­plo­ta­ción, y el sa­queo de las ma­te­rias pri­mas, crea­rá las con­di­cio­nes en las cua­les la re­sis­ten­cia se tor­na­rá ca­da vez más in­ter­na­cio­na­li­za­da. Los mo­vi­mien­tos de re­sis­ten­cia en Irak y Pa­les­ti­na y las cre­cien­tes lu­chas obre­ras en La­ti­noa­mé­ri­ca y Asia jun­ta­rán sus fuer­zas y trae­rán fi­nal­men­te a los tra­ba­ja­do­res de los EEUU a es­ce­na co­mo par­te del pro­le­ta­ria­do mun­dial. Ba­jo es­tas con­di­cio­nes el "equi­li­brio" se­rá cam­bia­do.

Septiembre de 2007
Dave Brown